𝐇𝐀𝐁𝐀𝐍𝐄𝐑𝐀, 𝐂𝐔𝐁𝐀𝐍𝐀, 𝐌𝐔𝐍𝐃𝐈𝐀𝐋 - SARA GÓMEZ (1942-1974)
Por Daniel Céspedes Góngora
Se cumplen cincuenta años del fallecimiento de la cineasta Sara Gómez (1942-1974). Murió joven, de una crisis de asma y sin poder terminar su única película de ficción: De cierta manera (1974). Fue la primera mujer cubana en dirigir un largometraje tras la fundación del ICAIC. De haber dirigido sólo De cierta manera, de todos modos, hubiera pasado a la historia de la cultura cubana como alguien inconforme y singular.
Estudió música y periodismo, pero quería dirigir cine. Entonces entró como asistente de dirección al ICAIC en 1961. Al dirigir Saludos cubanos, la destacada directora belga Agnès Varda acogió a Gómez. Asistiría a Titón en Cumbite y luego a Jorge Fraga en El robo.
Sara Gómez tenía un recorrido muy destacado en el documental. Entre obras por encargo y ocurrencias más personales, contaba con la admiración de colegas y amigos. No resultó extraño ni caprichoso que fuera Tomás Gutiérrez Alea, Titón, quien concluyera De cierta manera, donde resume todas sus contantes: la marginalidad, las tradiciones de la cultura popular, el racismo, la participación de la mujer en los nuevos horizontes de expectativas de un país. Esto último contribuyó a que las feministas amen todo lo hecho por la también directora de Guanabacoa: crónica de una familia.
A Sara Gómez siempre le interesó la comprensión de la cubanidad. Para ello necesitaba ir al pasado e intentar un diálogo con la época en que realizaba su obra. Plaza vieja, Solar habanero, Historia de la piratería, El solar… son más que registros donde La Habana es el centro. Hay una preocupación por cuestionar una realidad que distaba de ser armónica. De hecho, ese diálogo entre el ayer y la contemporaneidad de la cineasta nacida en Guanabacoa, como Ernesto Lecuona, Rita Montaner, Bola de Nieve…, era tenso y crítico.
Gómez fue capaz de aterrizar en su generación, pero al mismo tiempo supo posicionarse con la distancia oportuna para desplegar conflictos que fueran más que personales, pues la sociedad y el arte nunca están desatendidos en su cine ni cuando la temática es citadina, como en Un documental a propósito del tránsito, o la “pintoresca”: Una isla para Miguel o Isla del tesoro.
No sólo por ser mujer negra, sino por sus inquietudes como artista, su obra ha sido revisitada para atender y entender lo afrocubano e incluso lo psicosexual.Pero es injusto que se apreciase sólo esta fluctuación entre directrices que devienen lamentables nichos temáticos. Es notable la consideración de Sara Gómez por el ser humano, ese que se debate entre cuanto le ha sido heredado y lo que anhela conseguir. De ahí un cine directo y sincero, a ratos molesto, en que la realidad está constantemente haciéndose.


