𝐋𝐀 𝐎𝐑𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝐂𝐎𝐌𝐎 𝐄𝐍𝐂𝐔𝐄𝐍𝐓𝐑𝐎 Í𝐍𝐓𝐈𝐌𝐎 𝐂𝐎𝐍 𝐃𝐈𝐎𝐒
Por Fr. Reiner Ma. del Niño Jesús de Praga, OCD
La oración no es una simple práctica religiosa ni un conjunto de técnicas meditativas. Como nos enseña Santa Teresa de Jesús, es un encuentro íntimo con Dios, un acontecimiento de gracia que transforma la vida por completo. Esta gran maestra de la oración nos revela que orar es “tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama”.
Esto significa que cuando oramos no estamos realizando un monólogo o cumpliendo una obligación religiosa, sino participando en un diálogo de amor con el Creador del universo. Es como si el mismo Dios se sentara a nuestro lado, dispuesto a escucharnos y a compartir con nosotros. Esta intimidad con Dios no requiere palabras elaboradas ni gestos grandilocuentes; sólo necesita nuestra presencia sincera y nuestro corazón abierto.
La experiencia de Santa Teresa nos enseña que esta forma de oración puede transformar nuestra perspectiva de la vida cotidiana. Todo lo que hacemos, desde las tareas más mundanas hasta los momentos más significativos, adquiere una nueva dimensión cuando lo vivimos en presencia de Dios. Como ella misma experimentó, es posible mantener una conexión constante con el Señor, similar a dos enamorados que no pueden estar separados ni un momento.
Esta forma de entender la oración nos libera del “ateísmo práctico” que nos hace vivir como si Dios estuviera ausente de nuestra realidad diaria. Nos permite descubrir que Dios no está confinado a los momentos de oración formal o a los espacios sagrados, sino que está presente en cada instante y lugar de nuestra vida.
Para iniciar este camino de amistad con Dios no necesitamos grandes conocimientos teológicos ni técnicas especiales. Lo fundamental es apartar al menos una hora diaria para estar a solas con Él, con la misma naturalidad con que reservamos tiempo para un amigo querido. Esta práctica, lejos de ser una carga, se convierte en un oasis de paz y en una fuente de fortaleza para enfrentar los desafíos diarios.
La verdadera oración transforma nuestra vida porque nos ayuda a ver todo desde la perspectiva del amor divino. Nos permite reconocer que somos profundamente amados por Dios, sin condiciones ni expectativas, simplemente por quienes somos. Este amor incondicional de Dios despierta en nosotros una respuesta de amor que gradualmente va permeando todas nuestras acciones y relaciones.
Como nos recuerda la santa de Ávila, lo importante no es pensar mucho, sino amar mucho. La oración se convierte así en una escuela de amor donde aprendemos a amar como Dios ama. No se trata de buscar experiencias extraordinarias o consolaciones espirituales, sino de crecer en esa amistad que nos transforma desde dentro. La oración es el espacio privilegiado donde experimentamos el amor de Dios y aprendemos a corresponderle.
En este camino de oración es fundamental mantener la perseverancia y la fidelidad, incluso cuando no sintamos gusto o consuelo en ella. La determinación de buscar a Dios y el deseo sincero de agradarle son más importantes que los sentimientos o las experiencias sensibles. Como dice Santa Teresa, no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de desear contentar en todo a Dios.


