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Por Yasniel Romero, SJ
Con la palabra felicidad ocurre lo mismo que con amor. La empleamos constantemente y hablamos de ella en diversas ocasiones, pero nos resulta difรญcil determinar su significado. Para algunos, la felicidad consiste en la posesiรณn de bienes materiales, en lo que tenemos aquรญ y ahora. En esto hay cierta verdad, ya que a todos nos gusta vivir el presente, disfrutando de la seguridad y el confort que nos proporcionan los bienes materiales. Otros piensan que la felicidad radica en la amistad, en tener buenas relaciones, en amar y ser amado, asรญ como en el placer que nos brinda el reconocimiento por parte de los demรกs. Tambiรฉn hay algo de verdad en esto, pues a todos nos gusta ser valorados por lo que hacemos y por lo que somos. Para algunos, mรกs inclinados al estoicismo, la felicidad se encuentra en poseer aquellos bienes que dependen รบnicamente de nosotros, es decir, en cultivar ciertos talentos y virtudes. Finalmente, una buena parte de las personas cree que la felicidad consiste en un buen vivir, en una especie de equilibrio entre todas estas cosas, que incluye la salud, la riqueza, el placer, la amistad y las virtudes.
Sin embargo, la experiencia cristiana nos ofrece otra perspectiva sobre la felicidad. En el pasaje Jr 17, 5-8, el profeta nos dice que el hombre feliz es aquel que pone su confianza en el Seรฑor. Para ello, utiliza una comparaciรณn en oposiciรณn al describir a una persona que solo se guรญa por los criterios humanos y se cierra a los criterios de Dios. Para esta persona, los mismos bienes dejan de ser fรฉrtiles y la rodea una especie de aridez. Asรญ, el profeta Jeremรญas nos sugiere que cuando nuestros bienes materiales o espirituales no nos abren a Dios, cuando se cierran en sรญ mismos y solo los buscamos por lo que son, entonces esos mismos bienes contribuyen a nuestra propia infelicidad. De esta manera, la persona feliz es aquella que orienta todo lo que posee hacia Dios. Justamente asรญ, le resulta รบtil todo lo que es y todo lo que tiene (bienes materiales, talentos, capacidades).
Por otra parte, san Pablo nos invita a situar nuestra existencia en la perspectiva de la resurrecciรณn. En 1 Co 15, 16-20, nos exhorta a que, en el aquรญ y ahora de nuestra vida, no debemos olvidar nuestro verdadero fin, que no es otro que la resurrecciรณn. Si creemos que la resurrecciรณn no cuenta, que no hay una vida mรกs allรก de nuestra muerte, entonces lo รบnico que tendrรญa valor serรญa lo que somos y lo que poseemos en este momento. Pero si solo cuenta lo que hemos hecho y lo que hemos podido poseer, ยฟquรฉ sucede cuando toda riqueza se acaba? ยฟQuรฉ pasa cuando nuestras fuerzas fรญsicas o morales ya no aguantan y caemos? ยฟQuรฉ ocurre cuando nuestros talentos y encantos desaparecen? Si รบnicamente eso es lo que importa, entonces, como dice san Pablo: โserรญamos los mรกs infelices de los hombresโ. En otras palabras, la felicidad del cristiano en esta vida no es otra cosa que la esperanza en la resurrecciรณn. La resurrecciรณn es nuestro verdadero gozo, un gozo que aรบn no poseemos completamente aquรญ y ahora, pero cuya perspectiva nos hace felices gracias al don de la esperanza.
En el discurso de las bienaventuranzas (Lc 6, 20-26), Jesรบs es mucho mรกs radical, pues al dirigirse a la multitud, les habla de una felicidad que no depende en absoluto de nuestra condiciรณn ni de lo que poseemos. Aรบn en la pobreza, en la precariedad o en la tristeza, podemos ser felices, siempre y cuando estas limitaciones nos abran a Dios. Ademรกs, podemos afirmar que todas estas precariedades a veces nos llevan a contemplar nuestra verdadera riqueza, que no es otra que nuestra absoluta dependencia de Dios. Es cierto que ni el sufrimiento, ni el hambre, ni el padecimiento de injusticias son bienes en sรญ mismos, pero tampoco constituyen un obstรกculo para encontrar nuestro verdadero bien. A menudo, en estas situaciones lรญmites es cuando descubrimos el verdadero sentido de nuestra existencia, cuando nos damos cuenta de que nuestra vida se encamina hacia un fin que trasciende la muerte. La felicidad de la que nos habla Jesรบs en estas bienaventuranzas no se define a partir de un presente, sino a partir de un futuro que nos es prometido.
Con estos elementos que nos ayudan a comprender mejor la perspectiva cristiana de la felicidad, pidamos a Dios la gracia de no cerrarnos en el presente de nuestras riquezas, de no creernos que solo valemos por lo que somos en este momento. Pidamos tambiรฉn la gracia de abrirnos a Dios, quien siempre nos precede y nos guรญa a caminar hacia รl.


