𝐔𝐍 «𝐋𝐎𝐂𝐎» 𝐐𝐔𝐄 𝐕𝐈𝐕𝐄 𝐂𝐎𝐍 𝐋𝐎𝐒 𝐒𝐔𝐄Ñ𝐎𝐒 𝐒𝐔𝐑𝐂𝐀𝐍𝐃𝐎 𝐄𝐋 𝐀𝐋𝐌𝐀
Por Omar Vega Rodríguez
Caminando por las calles de Santa Clara, encontramos algunos rostros que transmiten la serenidad de una vida dedicada al servicio y al bien del prójimo. Uno de estos caminantes, que no pasa desapercibido, lleva casi veinte años conduciendo el Proyecto Corazón Solidario, un espacio caritativo arropado por la Iglesia, una ventana abierta a la esperanza de enfermos mentales, adultos mayores y necesitados que procura ser mano amiga y puerta a la que tocar cuando muchas esperanzas se desvanecen.
El proyecto surge de la inquietud del enfermero Víctor Cuevas, quien asegura que para muchos fue considerado un «loco» por ser un enfermo psiquiátrico, un católico admirador de santa Teresa de Ávila y santa Teresa de Calcuta, un corazón inquieto que busca cada día reinventar e incorporar nuevas estrategias para llegar a un número mayor y cada vez creciente de necesitados. Víctor se considera «una persona que va a contracorriente, a favor de las personas con desórdenes mentales, en medio de una sociedad que cada día es más excluyente».
Nos dice que es muy difícil separar al «loco» del enfermero, pero se considera «una persona que vive en carne propia un desorden mental», y de esa realidad Dios le pidió formarse como enfermero. «Es muy difícil que la gente común entienda esto, pero a Él nunca se le puede decir que no, ya que se las ingenia para que cumplas sus designios. (…) Muchos me catalogaron de “loco”, pero también así le sucedió a san Juan de Dios. Siempre la relación íntima con el Padre es cuestionada y catalogada de alucinante. Monseñor Prego me escuchaba en los momentos más difíciles de mi vida; una vez le dije que quería irme del hospital psiquiátrico donde trabajo y me contestó que nunca me marchara de ahí, que yo podía hacer cosas que el cuerdo no puede, que aprovechara la locura».
Obligado a abandonar su trabajo, Víctor se entregó de lleno a este lugar de referencia en la ciudad de Santa Clara, un oasis que se mantiene y crece a pesar de muchas dificultades. Allí ofrece un servicio diurno a 23 personas con esquizofrenia, psicosis crónica y retraso mental, quienes se insertan en talleres ocupacionales. Además, brinda a la comunidad servicios como baño, lavado de ropa, desayuno a los más necesitados, merienda, almuerzo para 60 comensales, medicamentos a cientos de personas cada día, y una capilla para orar.
Víctor sueña «con un mayor espacio para incluir a más personas, crear nuevos servicios que demanda la población, seguir creciendo y, quizás, replicar lo que hacemos en otras comunidades. Algo muy importante le pido a Dios: un discípulo que se enamore como yo de la salud mental, para que pueda continuar más allá de mi partida».


