La carta de Rosa
Por Rosa María Ace
A continuación, les presentamos la misiva de una persona encarcelada que recibe apoyo de una misionera católica. En ella relata su testimonio, el cual también desea compartir con Vida Cristiana.
Querida amiga, Primero que todo, espero que cuando recibas esta carta todo esté bien por allá, aunque sé que la situación en la calle está fea, pero siempre confiando en Dios, todo se puede resolver. Aquí trato de mantener esa fe en Él, para que un día pueda ser una mejor persona en la calle. A pesar de todo, consigo tener tiempo a solas conmigo misma, leyendo algunos salmos y otros proverbios que me brindan apoyo para mi vida. Gracias a tus consejos, trato de ponerlos en práctica y funcionan de maravilla.
Nunca pensé que encontraría a una persona como tú, que me apoyara tanto sentimental como mentalmente. Has logrado sacarme poco a poco del abismo y la oscuridad en que me encontraba. Sin embargo, en estos momentos, siento una gran necesidad, una necesidad que solo Dios podría entender. Necesito que todas mis oraciones sean escuchadas, porque requiero que mi vida tome un rumbo, uno que todavía necesita ser definido.
Aquí dentro, solo encuentro maldad y mentes que juzgan y critican. Me duele, ya que no existe una sola amistad que me tienda la mano y me brinde apoyo emocional. He cambiado, aunque parezca que no. Ya no soy la misma persona que discutía con otros por cualquier motivo. Ahora mi vida gira en torno a una rutina que apenas me permite levantarme de la cama, lavar algunas cosas para ganar unas cuantas cajitas de cigarros y así poder comprarme algo sin depender de nadie.
Aquí hablan de cada uno de nosotros, aunque no lo creas, y eso duele. Cambiando de tema, sé que he confiado en ti con algo que nunca había compartido. Anhelo respuestas a mis preguntas, deseo que mi vida sea diferente cuando salga a la calle, a pesar de mis errores. Me arrepiento desde el momento en que crucé ese umbral. Cada día pido perdón a Dios. Que me perdone por el error que me atormenta incluso en mis sueños. Aunque sé que no tengo perdón de nadie, espero que Dios me conceda su misericordia.
Mi vida se ha convertido en un desastre desde que ingresé a este lugar llamado prisión. Necesito ayuda antes de cometer un error del cual me arrepienta en el futuro. Siento que hablar contigo y abrirme como una hija más, me ayudará a aliviar la carga que llevo. Estoy sufriendo porque estoy lejos de las personas que más
quiero en este mundo. A veces, me pregunto si alguien de mi familia todavía me quiere. Espero que cuando salga, mi madre me trate bien, aunque al principio pueda que no me entienda. Pero confío en que, con el tiempo, podremos perdonarnos mutuamente, porque soy su hija y yo la he perdonado.
Reconozco que cometí un grave error, pero espero que con tu apoyo y los textos de la Biblia que me has dado, pueda cambiar y mejorar mi vida. Necesito amor, es la única cosa que anhelo. En toda mi vida, siempre tuve esa necesidad tan grande. Mi vida ha sido una ruleta rusa. Mi madre me ha guiado, sí, pero ahora depende de mí cambiar y ser una persona mejor cuando salga.
Espero que nunca me abandones cuando esté en la calle, porque si lo haces, me sentiré sola. Te tengo un gran cariño y quisiera que estuvieras a mi lado el día en que recupere mi libertad. Aún no estoy completamente preparada para enfrentar el mundo exterior, pero sé que con Dios a mi lado, podré hacerlo. Gracias por estar siempre ahí para mí.
Con cariño,
Rosa


