𝐄𝐋 𝐋𝐄𝐆𝐀𝐃𝐎 𝐃𝐄 𝐔𝐍 𝐏𝐀𝐃𝐑𝐄: 𝐒𝐀𝐁𝐈𝐃𝐔𝐑Í𝐀 𝐘 𝐏𝐄𝐑𝐒𝐄𝐕𝐄𝐑𝐀𝐍𝐂𝐈𝐀
Por Yenia Matos Henríquez
El Día de los Padres es una ocasión propicia para rendir homenaje a aquellos hombres que han desempeñado un papel fundamental en nuestras vidas, guiándonos con amor, sabiduría y fe. Muchos padres, desafortunadamente, no siempre están presentes en la crianza de los hijos, pero cuando sí participan de esta, ocupan un lugar especial. Y es que no sólo representan a la figura protectora y proveedora, sino que también son un reflejo del amor de Dios, nuestro Padre celestial.
Es por eso que este día nos invita a reflexionar sobre el don de la paternidad y a reconocer el impacto que tiene en la formación de nuestras almas y corazones. Así, mientras celebramos el Día de los Padres, es esencial reconocer no sólo su papel protector y guía, sino también las valiosas lecciones que nos han dejado a lo largo de nuestras vidas.
Mi padre nunca ha sido de ir a la Iglesia, pero de alguna manera la lleva adentro. Siempre digo que le debo a él y a mi madre la mujer que soy, con mis virtudes y mis defectos. De mi padre aprendí valores como la puntualidad, la seriedad a la hora de trabajar y la responsabilidad en las tareas cotidianas. De mi madre admiraba –y hablo en pasado porque ella ya no está entre nosotros– su dedicación a la hora de visitar a mi abuela, su madre, cada día. Mi papá aún trabaja y está cerca de los 80 años. Cuando le cuestiono, me dice que no sabe estar sentado, sin hacer nada, que necesita seguir buscándose la vida. Y eso también es admirable.
Mi padre no estudió. Apenas aprendió a leer y a escribir. Vivía en el campo y era el mayor de los varones en una familia de seis hermanos, y sólo su madre. Así que tuvo que arreglárselas para ayudar a mantenerlos y también para salir adelante él mismo. Con el tiempo se volvió operario de grúas, aprendió a trabajar plomería, albañilería, carpintería, casi todo de la construcción. Nunca dejó que la falta de estudios entorpeciera su camino. Aún con su forma de ser, peleón y en ocasiones testarudo, sigue siendo un ejemplo de perseverancia. A veces no sabe expresar cuánto nos quiere, pero mi hija, mi mamá y yo lo sabemos.
Al celebrar el Día de los Padres, tomemos un momento para agradecer a Dios por el regalo de nuestros padres. Oremos por ellos, pidiendo que el Señor les otorgue salud, paz y alegría. Reconozcamos su esfuerzo y amor, y comprometámonos a honrarlos no sólo hoy, sino todos los días de la vida. Que el amor de Dios, manifestado a través de ellos, siga iluminando nuestro camino.


