El nacimiento y el regalo de ayudar a los demás
Por Fernanda Solís Tames, PJI Santiago de Cuba
La Navidad suele ser siempre tiempo de muchos regalos. Algunos años la recordamos por la ilusión infantil y esa capacidad de encontrar maravilla en lo que se sale un poco de la cotidianidad, otros por la alegría y la generosidad de la familia y los amigos. Sin embargo este año parece ser diferente, podría pensarse que los vientos, las lluvias, carencias y enfermedades hubieran logrado opacar la felicidad de estas fechas, pero el Espíritu actúa de maneras misteriosas y casi siempre logra sacar bien de los tiempos más oscuros.
Hace poco escuché en una canción que decía: “nadie es tan pobre como para no poder ayudar a los demás”, y me hizo pensar en las personas que consideramos pobres. Quizá son los enfermos, que no pueden valerse por sí mismos y les cuesta trabajar para ganarse la vida; los que están muy solos, ya ancianos, y no tienen familia cercana que los ayude; la gente que batalla cada día por poner en la mesa un plato de comida decente, o conseguir un medicamento o una ropa o un par de zapatos; los que no tienen casa, o tienen una pero muy destruida... Estos ejemplos se hacen muy cercanos, propios. En todas nuestras familias y amistades hubo más de un enfermo de chikungunya que necesitó de alguien más para levantarse y hacer lo básico, lo de todos los días. La falta de agua, corriente, comida y las familias separadas por la emigración casi forzada, son historia diaria del cubano. A pesar de que para muchos ya haya sido olvidada, ni los montes de oriente ni las casas de su gente han logrado recuperarse del huracán Melissa: desde una gotera, un boquete, hasta tener que vivir ‘’prestado’‘, son signos visibles de su paso. Entonces ¿todos somos pobres?
Dentro de toda esta necesidad Dios ha estado grande, usó ángeles en forma de personas que dieron de lo mucho o lo poco que tenían. Muchos cuidaron con entrega, a pesar del dolor propio, a personas que ni siquiera eran de su sangre. Los paracetamol, las vitaminas, los mentoles y hasta las plantas medicinales, pasaron de mano en mano y el compartir los remedios, ‘’lo que me funcionó’‘, se convirtió en conversación con desconocidos seguidas por sinceros deseos de pronta recuperación. Un sinnúmero de personas se involucraron en ayudar a los damnificados, recogieron de su casa cada mínimo artículo que pudiera ser de ayuda, o prestaron sus manos para cargar cajas de donaciones, arreglar casas, limpiar el desastre, sus oídos para compadecerse de las terribles situaciones vividas. Tantas y tantas personas que viven en el extranjero pero tienen su corazón en Cuba hicieron envíos que sanaron y alimentaron cuerpos y esperanzas. Dueños de negocios brindaron de sus servicios gratuitamente o con precios más bajos, cosas como una fotos de 15, un envío sin cobro, un plato de comida a quien lo necesita hacen la diferencia.
En estas fiestas solemos esperar regalos y a veces no nos damos cuenta de que ya tenemos uno de los más grandes: el poder ayudar a los demás. Un corazón caritativo es hoy en día un diamante en bruto.
La próxima vez que te sientas demasiado desdichado como para brindar tu ayuda recuerda que hace 2025 años un niño muy pobre y rechazado vino para traer salvación al mundo entero y cambió el rumbo de la humanidad.


