𝐋𝐎𝐒 𝐒𝐎𝐋𝐒𝐓𝐈𝐂𝐈𝐎𝐒 𝐘 𝐋𝐀𝐒 𝐅𝐈𝐄𝐒𝐓𝐀𝐒 𝐂𝐑𝐈𝐒𝐓𝐈𝐀𝐍𝐀𝐒
Por Esteban L. Aquino Nieto
Desde los albores de la civilización, el ser humano siempre se cuestionó sobre los fenómenos naturales que lo rodeaban. Dedicado a una paciente investigación y poniendo en práctica su capacidad de raciocinio, fue asimilando e interpretando esos procesos que sucedían una y otra vez durante determinados periodos. Gracias a la observación del inmenso manto celeste, pudo establecer un orden lógico de los eventos, ajustándolos a su vida. Así definió cuatro periodos —de tres meses cada uno—, y los llamó estaciones.
De esta manera se organizaron las épocas de siembra, cosecha, etc. Entre todos los cuerpos celestes, uno fue llamado rey: el Sol, porque descubrieron que sin él la vida era imposible. No es por error que las antiguas tradiciones religiosas rendían culto al Sol y lo asociaban al oro como el metal más valioso. El Sol da origen a la palabra solsticio, cuya traducción del latín podría ser algo así como “Sol que permanece quieto”.
Estos solsticios son los que definen las estaciones de verano e invierno. En ambos, el Sol alcanza su posición más alta en el cielo. Para entender el vínculo entre los solsticios y las fiestas cristianas, debemos remitirnos al siglo IV, donde los cristianos empleaban el término “paganismo” para referirse a todas aquellas creencias que no pertenecían ni al cristianismo ni al judaísmo. También el paganismo era visto como la religión del campesinado, de las personas sencillas, aldeanos, que rendían culto a la naturaleza. La fertilidad, la cosecha, el frío y el calor, entre otras bondades naturales que los ayudaban a vivir, eran solicitadas a través de ceremonias mágicas.
Fue durante este periodo que el cristianismo se convierte en la religión oficial y, por consiguiente, su influencia se expande paulatinamente y comienza a cubrir todos los ámbitos: sociales, políticos, económicos y religiosos. Con el paso del tiempo, esta cristianización llega a ubicar el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, tal vez apropiándose así de la festividad romana del Solsticio de Invierno o cumpleaños del Sol Invictus (Sol invencible). Esta fiesta invernal fue bautizada con un significado cristiano.
De acuerdo con lo anterior, podríamos determinar que la Fiesta de San Juan Bautista viene a ocupar el Solsticio de Verano. ¿Por qué? Al considerar a San Juan Bautista seis meses mayor que Jesús, se ubica su fiesta de nacimiento en el Solsticio de Verano. Juan prepara el camino de Cristo, que nace seis meses despuntar, justo cuando también el Sol alcanza su mayor altitud.
En cuanto a la tradición, muchos países celebran esta fiesta con hogueras nocturnas, conocidas como las Noches de San Juan; solo que este fuego ya no representa un sacrificio mágico pagano para el amor y la adivinación, para pedir el crecimiento de las cosechas y dar fuerza al Sol. Este fuego tiene un carácter espiritualmente purificador y su luz es símbolo de preparación para recibir al Salvador en el próximo solsticio.
Esta tradición, entonces, adquiere un nuevo significado. Creo que nosotros, los cristianos, somos parte de ese fuego que se mantiene encendido para recibir al Cristo.


