𝐄𝐗𝐏𝐄𝐑𝐈𝐌𝐄𝐍𝐓𝐀𝐑 𝐀𝐋 𝐑𝐄𝐒𝐔𝐂𝐈𝐓𝐀𝐃𝐎 𝐑𝐄𝐒𝐔𝐂𝐈𝐓Á𝐍𝐃𝐎𝐍𝐎𝐒 (𝐉𝐧 21, 1-19)
Por David Pantaleón, SJ
III Domingo de Pascua (Ciclo C)
El Evangelio de Juan nos muestra hoy la fuerza de Jesús resucitado junto al lago de Tiberiades, actuando en la comunidad, actuando en su Iglesia, restaurando y salvando.
Pedro se había embarcado con cuatro de los apóstoles para una jornada más de trabajo en el lago. Después de los acontecimientos dolorosos de la pasión y muerte de Jesús, están ahora intentando volver a sus rutinas. Aún están arropados por el duelo y la incertidumbre. Todo el peso del poder les había golpeado brutalmente, aplastando a un inocente y persiguiendo a sus seguidores. Sin embargo, ya circulaban también entre ellos los rumores de que Jesús había resucitado. Crecía en sus corazones una sospecha de victoria como una llama que arde muy dentro.
Juntos en la barca, en medio del lago, viven una experiencia amarga de muchos intentos fallidos de pescar algo. Las redes regresan una y otra vez vacías. De nuevo se asoma la muerte con esa sensación de fracaso en aquella larga noche de esfuerzos inútiles.
Pero con la madrugada llego Jesús y desde la orilla les mostró el camino. Las redes se llenaron. Comieron juntos. Y todos reconocieron al Señor. Jesús resucitado se les presentaba ahora trasmitiéndoles toda su fuerza pascual, resucitándolos de sus muertes, restaurándolos como personas y como comunidad. Pedro lo vive de un modo muy especial en un encuentro personal con Jesús que lo confirma en su misión de pastor que apacienta las ovejas.
Monseñor Romero decía que la Iglesia está llamada a transmitir esa fuerza pascual en todo lo que hace. Es decir, ese paso de la muerte a la vida con todo lo que eso implica. La muerte, que es pecado, que es mediocridad, que es injusticia, que es desorden, que es atropello de los derechos humanos. Todo eso tiene que quedar sepultado en la tumba del Señor y resucitar: pasar de la muerte a la vida. Vida quiere decir justicia, respeto al hombre, santidad; pues no sólo la maravilla de la creación es imagen de Dios, sino la maravilla de la redención que es elevación de la naturaleza, elevación de la sociedad, elevación de la amistad.
Como Pedro y los apóstoles aquel día de pesca en el lago, experimentamos también hoy al Resucitado resucitándonos de nuestras muertes. Aunque la noche se haga larga y los esfuerzos parezcan inútiles, estamos llamados a lanzar de nuevo las redes en nombre del Señor. No lo olvides. El camino está abierto. Lo sabemos. ¡El amor siempre triunfa!


