𝐂𝐎𝐑𝐏𝐔𝐒 𝐂𝐇𝐑𝐈𝐒𝐓𝐈: 𝐀𝐋𝐈𝐌𝐄𝐍𝐓𝐎 𝐏𝐀𝐑𝐓𝐈𝐃𝐎 𝐘 𝐂𝐎𝐌𝐏𝐀𝐑𝐓𝐈𝐃𝐎(𝐋𝐜. 9, 11𝐛-17)
Por Alden García, SJ
Corpus Christi (ciclo C)
En esta fiesta del Corpus Christi, quiero compartirles dos historias de fe. Hace varias semanas, una amiga catequista me contó: “Un niño vino al catecismo porque tenía hambre, y trajo a dos amiguitos con él. Llegaron al final de la actividad. Una señora de la iglesia, algo estricta, les preguntó si realmente venían al catecismo. Ellos, sinceros, dijeron que no, que sólo tenían hambre. La señora, muy seria, me miró esperando mi reacción. Yo le respondí con calma: Hoy, para ellos, la palabra de Dios se hace realidad en el compartir, en un pan con pasta y un poco de guachipupa. Mañana veremos qué más les regala Dios”.
Para mi amiga, lo esencial fue que ese niño, aún en su necesidad, había llamado a sus amigos para venir. Continuó: “Les di dos panes a cada uno y les dije: Dios los bendiga. Ojalá sientan no sólo la necesidad de comer, sino también la de conocer a Jesús”. Y concluyó mi amiga: “Fui feliz. Dios me ama tanto que, incluso en los momentos difíciles que estoy viviendo, me regala la oportunidad de formar a estos niños. Su debilidad y su inocencia son un recordatorio de cuánto nos da Dios en abundancia”.
Otra amiga, misionera, por aquellos mismos días me compartió que una señora de un batey, madre de una joven especial, le confesó que no había comido nada en todo el día, pues hace mes y medio no recibe el pago de la institución que debería ayudarla. “A pesar de ello” — me dijo esta amiga—, “me preparó una bolsita con casi una libra de café, porque sabe que me gusta mucho. ¡Cuánta generosidad y desprendimiento!”.
En ambas historias el amor de Dios se manifiesta en el alimento partido y compartido, en la generosidad inesperada y en el rostro del otro. Así nos enseña Cristo a partirnos y compartir con los demás. Estos relatos no son sólo anécdotas, son llamados a dejar que la humanidad de Jesús nos atraviese de una orilla a otra.
Cada Eucaristía nos recuerda que Cristo se entrega por amor. Así, cada vez que partimos y compartimos el cuerpo de Cristo, en esta realidad de heridas y divisiones, estamos llamados a partirnos nosotros mismos en servicio y solidaridad, a compartir lo que somos con un corazón sencillo, generoso. Como dice el Papa Francisco, ser cristiano es dejarnos partir y entregar por los demás, como el pan partido en la eucaristía.
El amor de Cristo que se hace pan partido y compartido no se limita a los altares, sino que desborda en los gestos cotidianos de quienes, como Cristo, se entregan a los otros en la Celebración de la Vida.
Señor, ¿cómo podemos en nuestra vida cotidiana partirnos, compartirnos para los demás, ser eucaristía viviente? Señor, abre nuestra mirada y corazón para que, siendo pan compartido, llevemos tu amor a quienes más lo necesitan.
Amén.


