𝐌𝐈𝐒 𝐎𝐕𝐄𝐉𝐀𝐒 𝐄𝐒𝐂𝐔𝐂𝐇𝐀𝐍 𝐌𝐈 𝐕𝐎𝐙
Por Óscar Ávila, SJ
IV Domingo de Pascua: Ciclo C
En este domingo del Buen Pastor, la liturgia nos invita a poner la atención en dos verbos que nos pueden ayudar a entender mejor el modo de estar con Jesús. Los verbos son escuchar y seguir.
La primera actitud de la persona que quiere ser parte del redil de Jesús debe ser de escucha, actitud que implica aprender a estar atentos a todas las manifestaciones que Jesús nos va haciendo. Escuchar implica ponerse en el lugar del otro para entender lo que de verdad está viviendo; escuchar significa valorar todas las situaciones que le toca vivir y entender por dónde está pasando Dios por nuestra vida. En síntesis, escuchar significa aprender a estar atento a los acontecimientos y personas para auscultar por dónde va mi Señor.
Junto con el escuchar hay una invitación a seguir, que es acto que sólo puede realizar la persona consciente de sí mismo y de lo que implica hacer este camino. Para seguir a Jesús necesitamos ser hombres y mujeres atentos a la realidad que nos toca vivir, con ojos y lenguas proféticas que no se aminoren frente a los sinsentidos en los que muchas veces nos vemos envueltos. Hoy se necesitan profetas que nos ayuden a denunciar con lucidez todo lo que como sociedad se va construyendo en paralelo a lo que Dios espera de nosotros.
Estas actitudes que nos pide Jesús las podemos desarrollar en la medida en que confiemos plenamente en que estamos en las manos del Buen Pastor, que somos capaces de escuchar su voz y saber a ciencia cierta por donde avanzar, hacia donde ir, pues estamos en sus manos y nada ni nadie nos puede arrebatar la vida que se nos ha dado. Podemos caminar seguros de que es el buen Dios quien cuida nuestros pasos.
Esto no significa tener la vida asegurada, sino que implica que nos podemos arriesgar sabiendo que la vida verdadera es la que nos regala el Dios vivo, lo que hace del cristiano un hombre libre a la hora de asumir sus compromisos. Conocemos la voz del Señor y sabemos que el camino que nos ofrece es camino de vida, en donde podemos vivir en dignidad como hombres y mujeres libres, en donde el sentido y valor de la vida es total. Es Dios mismo quien nos tiene en posesión y nos invita a arriesgarnos, pues parafraseando a San Pablo podemos decir: “Si Dios está con nosotros, quién en contra”.
Sentir a Jesús como Buen Pastor debe significar para nosotros tener una actitud de compromiso consciente que nos lleve a ser verdaderos colaboradores en la construcción del Reino, para que sea una realidad hoy.


